martes, 8 de enero de 2008

Olvido


De no usar tu nombre, he olvidado sus letras. Busco en mi memoria la cadena invisible que unía tu nombre y el mío. La conjunción que conjugaba el tiempo compartido.

Enferma y sin recuerdos paseo mi confusión por las veredas que no conducen a ninguna parte. Norte-Sur-Este-Oeste, coordenadas que agita mi brújula imaginaria que ya no consigue encontrar el punto siempre presente. Deambulo entre luz y oscuridad, sol y luna, mar y montaña.

En los días claros me reconozco en el espejo y diría que mi boca toma la forma de la inicial con la que decía tu nombre. No paso de ahí. Ni siquiera resucitando a los muertos primaverales consigo recordar cómo era el sonido, a qué se parecía, con qué rimaba.

Un sentimiento de angustia se apodera de mi garganta cuando pienso que puedo olvidar incluso las letras del mío, vagar por el mundo sin saber quién soy. De puro desconocida me convierto en una cámara que recoge los más sutiles movimientos de aquello que me rodea, recolectando las experiencias que genéticamente acumulo, en un vano intento por recuperar una memoria genérica que me devuelva mi condición de ser humano, que me una a esta cualidad en la que el pensar y el sentir son expresados en el verbo. Pero perdido el verbo ¿perderé también mi razón, mi emoción? Rescatar el verbo de la sima en la que el no-ser es dueño, para decir, para expresar, para comunicar, para definir, para pedir, para regalar, para conocer, para descubir, para demostrar, para experimentar, para reaccionar, para hablar y charlar, para gustar y aborrecer, para crear....

Como recién nacida balbuceo apenas sílabas, retazos de palabras que colecciono como amatistas. Antepongo mi oído para que como estandarte vaya por delante en esta cruzada. Envío también mi corazón que con su latido marque el ritmo de los días que anuncian los prodigios de la aventura. Sin planes, sin dirección mis pulmones se renuevan con el aire de los días en los que no me acuerdo de tu nombre.