jueves, 12 de junio de 2008

Inocencia


Lo fugaz o lo permanente?
La verdad o los espacios oscuros?
Martina coleccionaba contrapuntos más allá del arco de su violín. Se movía como pez en el agua entre las contradicciones de la existencia que se abrían en abanico ante sus ojos, dotando a la realidad de una riqueza infinita de opciones y amalgamas graduales. Lo que a sus ojos eran un don, parecía a miradas ajenas un carácter pusilánime vacío de acciones, directrices, objetivos...
De los que se llamaban sus amigos surgían reproches ante tamaña falta de decisión. La montaña o la playa?
La montaplaya- respondía ella, arrebatada por una sonrisa picaruela.
Venga ya Martina, elige. Excursión a dónde?
A la montaplaya- respondía con terquedad.
Martina lo quería todo, lo buscaba todo y quería encontrarlo así, enterito, lleno de matices, sin renunciar a nada. Todo le parecía valioso. La vida como un inmenso síndrome de Diógenes del que naciése algo nuevo cada día.
La primera vez que se enamoró quiso hijos y vejez en el mismo instante en el que el primer beso estallaba en su boca. Por supuesto que fue un segundo, pero un segundo tan claro, tan verdadero, tan afín con el ritmo universal que no pudo volver a reproducirlo. Así que se dedicó a besar nuevas bocas para recuperar la certeza de la verdad esencial de su vida. Ese momento nunca volvería pero Martina no cejó en su empeño ni se deprimió por ello. Decidió experimentar nuevas sensaciones en una graduación más baja pero igualmente placentera. Coleccionaba besos de colores, de sabores, de estaciones del año, de nostalgia, de alegría, de emoción, besos como catedrales solemnes y gradilocuentes, besos de río: refrescantes y escurridizos, besos de paraguas (esos que te quitan la humedad), besos de alcanfor un poco rancios, besos mareados con sabor a guindas, besos de escondite sonoros y rápidos, besos de manzanas abiertas plenos de misterio, besos de elefante en cacharrería interrupciones abruptas...
Martina tenía tantas y tantas clases de besos que cuando alguno le pedíamos que nos diera uno, comenzaba a listarlos y era imposible hacer ninguna otra cosa que esperar y elegir.

3 comentarios:

irene dijo...

Entiendo tanto a Martina....Quién metió la primera gamba para que nuestra vida se convirtiera en una constante elección??
Por qué tenemos que dejar una cosa si elegimos otra?? Yo creo que dentro de las leyes naturales la elección no existe. es un mero invento mundanohumano...
(este finde hay un fiestón en el río verdugo...a media hora de Vigo...fuego, música...festa enxebre de solsticio..nos vemos alli?)

Anónimo dijo...

yo también quiero la montaplaya. estoy aburrida de escoger y no siempre en mi veneficio.
beso linda, a ver si cenamos un día de chicas
montse

Mirada dijo...

Me encanta leerte, lo dices tan bien, tal cual...
Biquiños.