martes, 28 de julio de 2015


Recorro estancias desatando los nudos que las telarañas de la indiferencia han ido acumulando con el paso de los años. Me siento yerma, vacía por dentro, cansada de empeñarme en dar color a una foto en blanco y negro. Mi paleta ha ido mezclando rojos, violetas y verdes a partes iguales y, ahora, un color indefinido llena mis pinceles. El lienzo que pinto está en blanco, quizás espere un paisaje, un bodegón o una mancha infinita que no signifique más que el hueco del tiempo en mi corazón.
Me animo a seguir adelante, a no preguntarme por lo que siento o pienso, a vivir según la manecilla que marca los segundos. Sin planes futuros imagino que todo puede ser, que nada puede ser. Y así, en la marea de lo desconocido, voy flotando como una barca sin remos.
De la falta de expresión de tu rostro, ya tuve noticias, mucho antes que las palabras agitasen el aire en el jardín. Abrazo mi falta de relevancia en tu vida con la esperanza de serlo en la mía, con el deseo de encontrarme querida, amada por mi misma, sin búsquedas de otros ojos, otros labios, otros oídos a los que encantar como la Sheherezade que se libra de su muerte por el ardor de sus fantasías.
Qué agotamiento, qué desgaste el buscar el amor dentro de un iglú, que engaño repetirme que puedo vivir sin pasión sin que eso me arrase el alma. Entre las fotos de nuestra vida me siento ajena, como un turista en una fiesta familiar en la que todos hablan un lenguaje desconocido. Quise ver estrellas en el brillo de tu mirada, quise ver panteras en los movimientos de tu pelvis, y solamente era yo. Desde el comienzo sólo yo. Empeñada en un amor que no tenía cimientos, que construyó una casa en la que la hiedra no dejaba ver las flores. Empeñada en calentar los témpanos sin expresión de las noches de invierno. Durante todo este tiempo he ido perdiéndome, desapareciendo, haciéndome pequeñita para caber en tu bolsillo. Nunca lo conseguí. Un fuego de resentimiento lo fue cubriendo todo, arrasando los pocos atisbos que aparecían en un esfuerzo sobrehumano por agradarme, esas cosas que siendo sencillas, parecían esfuerzos de titanes por tu parte. ¿No debe ser más sencillo el amor? ¿No basta con el interés porque el otro no sufra, no se duela, no se pudra de insignificancia?
Entono un mea culpa en este torrente de sinsentidos, me hago responsable de todos mis silencios cuando mi interior gritaba, de mis cansancios, de mis humores, de todo lo que tiene que ver con no aceptar tus musgos y tus líquenes. Te dejo ir, como una linterna flotante, en ella escribo las palabras del cariño que aún te guarda mi corazón y las plegarias porque tu vida sea muy feliz, o muy cómoda, o lo que sea que necesites que esté bien para ti. Gracias por el tiempo compartido, gracias por las cosas buenas, gracias porque tú no te perdiste, ni viste ángeles donde había palomas.