viernes, 8 de agosto de 2008

La poda


Por encima de mis sueños, los ramajes secos, que adornan el tronco que antaño reverdeciera y diera fruto, se mueven con aires de tormenta, de huracán de intesidades apuradas con vino joven. El verde prado ahora páramo de silencios anuncia una primavera nueva de flores yerma. En barbecho espero. Dejo mis humores hacerse humus. Llegará el tiempo de la poda, el fuego limpiador barrerá las sombras de solsticios. Vendrá el otoño y todavía sin espera de retoños en mis ramas. Démeter reposando a mi lado, peinando la pérdida del dorado trigo mientras la masa del pan descansa al compás que la leveda. El ritmo es lento, el paso cansado. La salvia no se altera, exige un descanso merecido después de tantas y tantas cosechas. Nada invita al movimiento, solo la quietud sin tregua. Sin escondite se levanta al arroyo y me refleja. El movimiento de sus aguas dibujan veredas recorridas en el juego que círculos rodea. Apuro la llamada sin estar despierta, ansío sin preguntas el sentir ... y me hago selva.