viernes, 5 de agosto de 2011

Roce en el querer


Decía la canción que un roce en el querer dobla a cualquier hombre (entiéndase hombre en el sentido más genérico y menos de género del término). Paseo por los blogs de amigos de los amigos en este verano tan raro, tan de parón, tan otoñal que estoy viviendo en estas tierras del Norte. En todos los blogs las heridas se parecen, cauterizadas algunas, sangrantes otras, infectadas las menos.
Me pregunto cómo es posible que tras tantos años de ¿evolución? con tantas re-voluciones a nuestras espaldas, no hayamos encontrado la manera de llevarnos bien.
La manera de no hacer daño cuando una relación se acaba, el camino del encuentro y no del desencuentro. Las relaciones son el campo de tiro del desarrollo del ser humano. No podemos vivir ni con ellas ni sin ellas. Los que están en pareja quieren no tenerla, los que no la tienen quieren compañía... no hay Dios que nos comprenda. Siempre en contradicción, siempre en búsqueda, eternamente insatisfechos.
Los escasos momentos de serenidad se nos escapan entre las prisas, deberes, obligaciones, trabajos, deseos. No hay tiempo para disfrutar del mudar de una flor, de la humedad del aire, de una mirada bonita.
Creamos un mundo que absorbe la belleza y la convierte en rutina. Las lunas pasan por nuestros cielos ocultando un mar de estrellas que cegamos con luminosas mucho más artificiales. Los amaneceres se suceden sin ser observados. El amor inicial se transforma en silencio, desidia, rutina, asepsia sentimental. Y si miramos atrás? Si miramos atrás nos convertimos en piedra

4 comentarios:

raindrop dijo...

Viendo la imagen que ilustra tu escrito, he imaginado un Sísifo maldecido por dioses caprichosos...
Pero no nos engañemos, son los dioses que habitan en el interior, esos que nosotros mismos nos hemos creado, los que nos hacen arrastrar rocas sin tregua.


besos

Cronopias dijo...

Me encantó este post, Ana.
Me presento: soy amiga de un amigo tuyo. De vez en cuando asomo la nariz por aquí y hoy me suelto la melena y me animo a comentar.
Estoy de acuerdo contigo: no hay Dios que nos comprenda.
Un beso

ana p. dijo...

No hay más dioses que los que uno quiera tener. Sísifo ... eternamente condenado, como nosotros, eternamente condenados en la búsqueda de otro mito, nuestra mitad.
Pues muchas gracias Cronopias, pásate cuando quieras y comenta o no según quieras. Besos a los dos

mirada dijo...

Ana, hay que seguir amando y sonriendo y mirando con pureza un poquito más allá, mirando con el corazón, hoy leí por pura fortuna unas palabras tuyas en mi blog, "Lo que nos nutre no deberíamos abandonarlo guada... es tan dificil de encontrar...."
Pues seguimos, :-)
Un abrazo grande cargadito de besos