domingo, 12 de abril de 2009

Redes


Hoy quiero escribir desde mi, desechar todo intento de ficcion, ademas no me funcionan los acentos con lo que creo que todavia mas voy a escribir desde este estado atonito, atono en el que me hallo.

Mis antecedentes de reflexion se constituyen en el estado de salud de mi padre, que en cuestion de veinte dias, ha dejado de ser una persona autosuficiente e independiente, para pasar a depender totalmente de sus hijos.

Esta situacion complicada y dolorosa de por si, se ve agravada por el ritmo vital en el que nos vemos inmersos: jornadas de trabajo, familias desestructuradas, impedimentos vitales, ... toda una serie de obstaculos que hay que saltar, prever, planificar para que la birria de solucion encontrada sea un punto medio que concilie todas las posturas. Algo titanico de veras. Entonces pense en mi padre y sus padres que fue lo que cambio? Cuando mis abuelos se fueron poniendo malitos se quedaron en mi casa familiar, rodeados por todos nosotros. Mi madre no trabajaba fuera de casa, al igual que mi abuela, mi tia. Las mujeres cumpliamos esta red de solidaridad y cuidado en la que consistia nuestra vida. Ahora trabajamos, cumplimos nuestras expectativas de poder salir de casa, de poder realizarnos en algo que, con mucha suerte, tenga que ver con nosotras. Que ha ocurrido? Los abuelos se pudren en sus casas o en los asilos, los hijos crecen sin cuidados, sin limites, comprando con regalos y permisividad el tiempo que no le dedicamos. Nunca pense que fuese a echar de menos el ayer, la organizacion de una sociedad que tenia por base la familia y en esa base uno podia confiar que el dia de mañana, cuando no nos pudieramos valer por nosotros mismos, nuestros hijos tomarian el relevo de forma natural. Yo quiero tomar el relevo, no abandonar a su suerte a mi padre o meterle en una residencia donde ir a verlo una vez por semana. Pero mi vida no esta hecha a la medida del amor familiar, a formar parte de un clan que te sostiene cuando lo necesitas. Ni mi vida, ni mi pisito, ni mi disponibilidad fisica. Yo no tengo hijos y mi futuro se abre ante mi pavoroso. Esta sociedad solo se ocupa de los jovenes, los validos, los autosuficientes, los que no sufren, los que no tienen problemas del tipo que sean. Esta sociedad individual me parece una mierda. El futuro no existe decian punkies de los 80. Nos hemos quedado en la negacion de que si cumplimos nuestro ciclo natural nos haremos viejos, necesitaremos de los demas. No estoy diciendo que vayas a vivir toda tu vida en funcion de ese pensamiento pero desecharlo como hacemos es una autentica locura. A ti te va a tocar, igual que a mi y a todos los demas.... Comienza por levantar tu culo del asiento en un autobus, por cederle el paso a los mayores, por considerarlos mas sabios que tu por el simple hecho de que llevan mas tiempo en este planeta, han visto mucho mas que tu, han pasado por mucho mas que tu y se iran de aqui antes que tu. Que su recuerdo no se pierda. Volvamos a construir redes, si las del pasado no nos valen, inventemos otras. Nos va mucho en ello. Nos va el futuro.

jueves, 2 de abril de 2009

Bendito Borges


SÓLO CON EL TIEMPO
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Uno aprende que el amor no significa sexo, y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.

Uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte,
puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta que si estás al lado de esa persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos,
tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo también aprendes que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste,
durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona
es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano,
tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios
multiplicados y al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen,
ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que, aunque seas feliz con los que están a tu lado,
extrañarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas,
decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo,
ante una tumba,
ya no tiene ningún sentido.

Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo.

(Jorge Luis Borges)

martes, 31 de marzo de 2009

La verdad


Estos días me persigue un tema. El re-tratado dilema sobre si decir la verdad en todos los casos es malo o bueno. Si la sinceridad debe ser la estrella que marca el norte de nuestro comportamiento o, por el contrario, la sinceridad es un valor en desuso en una sociedad tan "civilizada", tan nice que dirían los anglos, como la nuestra.

Yo busco la verdad.

Cuando era niña me atormenta la coherencia y la verdad o la mentira y la complacencia como polos de un mismo enchufe. Así, no entendía porqué en el mundo adulto las cosas cambiaban de mano en mano, las frases se enfatizaban o agrandaban, o empequeñecían volviéndose cortantes. Unas veces cuchillos, otras veces algodones. En mi inocencia infantil metía la pata constantemente con conversaciones que no podían ser repetidas, o que eran cosa de mayores, lo que se dice en casa no puede salir fuera, o no es bueno llevar y traer... Eso me creó tal confusión que opté por el silencio. Pasé años de mi infancia callada, sumergida en los libros mientras alrededor se fraguaban las pequeñas batallas cotidianas, los grandes movimientos lúdicos desencadenantes de sonrisas que se transformaban en muecas de hastío en solitario.

Hubo un tiempo en que mentí. Me mentí a mi misma, mentí a los que más quise, mentí a la vida y traicioné lo sagrado, lo intocable, lo impoluto. Juré que nunca más volvería a mentir, intentaría ni que una pequeña mentirijilla se me colase. Fue un ejercicio espartano. Una lucha diaria con la civilización, lo agradable, lo políticamente correcto que me granjeó más de una enemistad, más de un "y quién te ha dicho que me importe lo que pienses..."

Hoy, que los años, las risas y las lágrimas han surcado mi rostro convirtiéndome en la mujer adulta que soy, respondo si a la verdad, pero si cuando no suponga cargarte al otro, minar su autoestima, destrozar algo bello, dejar de compartir, dejar de sentirme pequeña para declararme la jueza del mundo. Dejar de ser un ser humano para construirme una peana, dejar de orinar para miccionar agua bendita... Quién sabe qué es la verdad, acaso nos hemos vuelto sabios? Porque, si es así, no sé qué le está ocurriendo al planeta, qué le está ocurriendo a la economía, la política, la moral... Será pues que no somos sabios, que somos prepotentes, orgullosos, vanidosos, envidiosos y necesitamos constantemente que el foco de un escenario imaginario nos enfoque, nos destaque, nos eleve por encima de los demás.

Todos necesitamos sentirnos especiales para alguien, la comodidad, la rutina, las falsas creencias que nos impone la sociedad acerca de la belleza, el éxito, lo correcto dan al traste con cualquier relación con nosotros mismos.

Sin embargo, me sigue gustando la verdad, sigo buscándola e intentando que mis alumnos la busquen. La verdad individual y la colectiva. Esa que me hace ser parte de ti, persona que lees esto, que me hace ser tu igual, un otro-yo y por tanto que evitará que me haga dañoa mi misma a propósito. Porque no decir la verdad muerde, pero hay verdades que también muerden por si mismas.

jueves, 26 de marzo de 2009

Marchen ARRRRR!!!!!


Estoy cansada.

Tener que lidiar con dime diretes y tonterías varias me agota.

Tengo la necesidad de ser quien soy y de relacionarme con otros que sean quienes son.

Nada de caralladas. Simplemente la reivindicación de la individualidad como derecho. Pero tener las cosas claras, no dudar a la hora de elegir un menú, una película, un color, una forma de ocio no está bien considerado. Porqué? Pues porque si te tratas con alguien que no lo tiene claro o que se apunta a tus elecciones es que tú mandas.... Mandar qué?????

Una se supone que la persona que tiene al lado elige ejerciendo su propia libertad. Si elige tu opción será porque le parecerá mejor o quizás si le hubiera dado un poco de tiempo quizás no sería mi opción sino la suya (La lucha por la autoría de las elecciones es algo que me aburre soberanamente).

Pero cuando otros más acostumbrados a una forma de elección distinta, se percatan, te convierten en una mandona que le diriges la vida sin misericordia a la pobre víctima que tienes al lado. Y la tal víctima se calla, apostilla, da medias verdades por respuesta que consiguen que tu fama de Generala del ejercito de todas las tierras, mares y aires llegue a cobrar tal tamaño que nada de lo que haga el otro parezca de su propia autoria.

Y yo me pregunto porqué consideramos malo al que lo tiene claro y no al que se deja arrastrar... en esta sociedad de rebaño de ovejas en las que hay que decir beeeee en el mismo tono, en la misma nota, con la misma intensidad, no se soporta que alguien decida no balar. Los buenos son los corderitos a los que dirige el lobo de siempre.... pero ay de cuando el lobo se encuentra con una cabra que no da su cuerno a torcer.... Entonces el ser corderito es el peor de los comportamientos pero esta vez porque sigues a la cabra....

Yo no quiero ser ni cordero, ni lobo, ni cabra. Sólo quiero ser yo y ya.... Déjenme en paz los que piensan que soy autoritaria, o mandona o marimacho. Déjenme tranquila los que juegan a juegos de seducción porque necesitan un foco que les ilumine todo el tiempo. Déjenme en paz los que no se acerquen a compartir lo que sea pero de verdad. Déjenme los que no quieran conocerme.

No temo estar sola. Ya lo he estado muchas veces. He aprendido a llevarme bien conmigo misma, a no necesitar que nadie me diga que estoy guapa o que aún soy deseable.

La vida me parece un espacio con muchos matices unos oscuros y otros claros, a ambos abrazo sintiendo que ninguno permanece demasiado tiempo. Todo es un pasar, un irse, un venir. En la corriente de mi existencia ya no tengo necesidad ni de nadar a contraconrriente ni de dejarme llevar como pez muerto. Nado y floto a ritmos desiguales, contenta de mantenerme a flote. Curiosa por las orillas que descubro y por las otras tantas que vendrán. No ordeno ni obedezco simplemente vivo y elijo. Si tu elección es diferente a la mía vívela a tu modo, pero no me uses de excusa para no elegir, para no cuidar, para no ver, para no sentir. Es una responsabilidad demasiado grande ser el centro del universo de alguien. No lo necesito, nunca lo he pedido y nunca lo pediré.

lunes, 16 de marzo de 2009

...


La tierra se remueve con aire de bostezo. De los rosales, aún cerrados, emergen las promesas de salutaciones, felicidades y deseos de nubes. Nada en el barrio carece de lugar, incluso el canto del gallo llega, como siempre, adelantado a su cita con el sol.

Ni siquiera el sonido de mis pasos dirigiéndome a tu portal resultaban extraños a la luna, que inflamada, dirige guiños de luz entre edificios. Una extraña serenidad invade mi insomnio aunque añoraba la suavidad de tus yemas dibujando meandros entre mis cañas. El reloj ha perdido la cuenta de los segundos, abriendo mi espera hacia el infinito donde puebla la profundidad de tu mirada.

Subir en ascensor sin ti, es un ejercicio circense de sombras y luces. Sin tus brazos no alcanzo los botones del pulsador y asciendo por una espiral de incertidumbres, de dudas, de escondites. Pero si al abrir tus puertas es tu abrazo quien me recibe, llego a casa, encuentro mi refugio de los mil y un caminos, de las mil y una puertas. Es tu piel mi piel por un momento deshojando fronteras y banderas. Me estremezco sin miedo, sin aullidos. No busco enciclopedias que contengan los saberes, las ganancias. Me llena el silencio compartido, la mirada centrada en la misma dirección. Sin diplomas ni reconocimientos, más que tú en mi, más que yo en ti.

martes, 3 de marzo de 2009

Tabú


Me pregunto a mi misma cuándo un tema se convierte en un tabú. En algo de lo que no se puede hablar sopena de crear un malestar, un enojo, una falta total de empatía en el receptor de las susodichas palabras.

Porque, en principio, todo el mundo estaría de acuerdo en que se puede opinar sobre cualquier cosa. ¿Estamos seguros...? ¿sobre cualquier cosa? Y si resulta que mi opinión sobre las excelencias de tu manera de trabajar no son iguales que las mías, o si a ti te parece que mi relación con mi ex novio es demasiado cercana, o si mi madre o la tuya son unas cotillas.... Entonces ¿podemos seguir hablando como si la cosa no nos tocase?
Yo no sé porqué extraña razón decidí hace muuucho tiempo no ofenderme con las opiniones de los demás. Las que no me gustan paso de ellas, y las que tienen alguna resonancia conmigo las contemplo. Me da igual que opines que mi padre es un tipejo de la peor calaña o si mi hermana lleva una pinta de zorrón verbenero de no te menees, o si mi abuela es una ladrona y guarra... Todo es cuestión de la posición que adoptes frente a la realidad del otro.
Pero hay veces que las opiniones duelen porque vienen de alguien de quien no te da tan igual que diga esto o lo otro, porque ese alguien te conoce, sabe quién o qué eres. Entonces es cuando hay que hacerse cargo de lo dicho, observar el tono con que fue dicho, que lo motivó, la resonancia o no que tiene en nosotros. Por supuesto que habrá quien se equivoqué y no de pie con bola, pero habrá muchas veces que, pese al disgusto inicial, tengamos que replantearnos nuestra postura.

Las peanas, los altares, las urnas de cristal en las que meter situaciones o personas y las vuelven intocables no me parecen la mejor de las opciones para crecer, para relacionarse, para aprender. Podemos y debemos equivocarnos porque es la única manera que tenemos de aprender lo que no sabemos, de evolucionar a posturas que sean más amables con quienes somos en realidad. El inmovilismo, el esto no me lo mientes porque me cabreo, no deja de ser una postura intolerante con la vida que es movilidad, fluidez, cambio. Enquista y no permite una mirada objetiva sobre aquellas cosas y aquéllos a quien amamos, pero que no dejan de ser humanos con sus fallos y sus aciertos, sus virtudes y sus vicios. Reconocer la parte oscura de la realidad, no la hace terrible sino que nos prepara para aceptar que no somos dioses perfectos e inalcanzables. Todos, todos, todos tenemos algo que no nos gusta de nosotros mismos o de nuestras familias, sin que por ello tengamos que odiarnos o maldecirles...

lunes, 2 de marzo de 2009


Tengo un ramo de flores violetas que se secaron sin perder su color. El aroma que antaño las envolvía fue perdiendo intensidad a fuerza de enmascararlo con perfumes y esencias. Por un tiempo olvidé su existencia, olvidé su localización, su forma, su significado. Quise arrancarlas de la maceta que oculta sus raices bajo capas de epidermis.

Un jardinero me insto a volver a regarlas con aguas de otras lluvias, de otros paisajes, de otra cultura. Probé a nombrarlas en chino, en francés, en eslovaco, japonés, ruso o árabe. Pero no econtré palabras que se les asemejasen.

Decidí entonces no llamarlas, no nombrarlas, hacerlas invisibles y... olvidar que un día planté flores con la esperanza de que la primavera se instalase bajo mi hombro.

Un vestido de tactos me regalaste mientras tus ojos brillaron con promesas silenciosas. Descubres mi orografía y te instalas en el fondo de mi vientre, donde tu cabeza se recoge levantando árboles en mis valles. Poco a poco asciendes por mis cumbres, llegando a los abismos y, sin miedo, te lanzas en caída libre hasta que las ramas secas de mis flores enganchan tu cabello. Y así las viste, y así tus caricias y cuidados vencieron los inviernos que uno tras otro coloqué en racimo sobre ellas. Derretiste las nieves. Soles y lunas recibieron nuestros despertares, al unísono que las hojas de mis flores se abrieron a las yemas de tus dedos. Y, entonces, la primavera dejó de ser una espera.

sábado, 21 de febrero de 2009

Trato


La dificultad de aceptarnos como somos,

la línea que separa el uno del nosotros.

Aquello que brillaba sin necesidad de sol

se fue volviendo conflicto, necesidad, oscuridad.

Si puedo aceptar que eres,

si puedo reconocer que soy,

si lo que tú eres y lo que yo soy,

no tiene porqué cambiar,

Sólo si no quiero cambiarte

Sólo si tú no quieres cambiarme.

Entonces visto ropa que no aprieta,

que no deja marcas en la piel

que no necesita de planchados y remiendos.

No quiero máscaras tras las que perfilarte

ahora como príncipe, ahora como sapo.

Me gustaría ser suficiente, ser visible,

ser lo que soy y que por ello me busques.

Me gustaría que fueses suficiente, visible

que seas lo que eres y que por ello te busque.

Hagamos un trato

si algún día descubres en mi mirada

el juicio que no respeta la identidad,

si algún día necesitas que me convierta en otra,

nos diremos adios con sonrisa y abrazo,

para seguir caminando, y quién sabe si encontrando

a aquel que quiera que la imagen del espejo

siga siendo el reflejo fidenigno

de las personas que somos.

martes, 27 de enero de 2009

HUMANIDAD


Vigo, 26 de enero del 2009

Hospital Xeral. Urgencias tocología

Hay profesiones a las que se nos supone la humanidad: profesores, médicos, enfermeras, socorristas, cooperantes... Este fin de semana he tenido un serio encontronazo con la humanidad de la profesión sanitaria.
Estaba embarazada de cinco semanas, mi primer embarazo a los 43 años, cuando comenzó el sangrado. Corriendo a urgencias. Horas de espera: de las 8 de la mañana a las 3 de la tarde. Comienzo a percatarme de que sin barriga, en la planta de tocología, no existes. Diagnóstico: pérdidas, feto aún con latido, riesgo de aborto. Recomendación: reposo total. Salgo de la planta con las palabras aún hay latido, en mi mente.... todo lo demás es secundario.
Sigo las recomendaciones médicas y me meto en la cama. Comienzan los dolores. Al principio no son más fuertes que los dolores de regla pero, a medida que pasa el tiempo, aumenta sangrado y dolor en igual proporción. Volvemos a urgencias.
Esta vez estamos solos, mi pareja y yo. Bien! no tendré que competir por la visibilidad con las barrigas ajenas, pero a cambio habrá que esperar porque los tocólogos y comadronas están atendiendo partos.
Cuando por fin, se desocupan me encuentro con una tocóloga amable, que te mira a los ojos, que te pregunta cómo es tu dolor, que te trata con delicadeza cuando introduce cosas en tu interior. Sigue habiendo latido. Bien!
El resto del día y al día siguiente me retuerzo del dolor en la cama. LLevo tres días sin dormir bien y las pastillas que puedo tomar me hacen el efecto de una gominola, pero las indicaciones son pasarlo y no ir si el desangre no es total. El domingo por la noche la sensación de embarazo desparece, me acuerdo de miri y sé que mi hijo ya no está. Aguanto un poco más.

Llega el lunes. No puedo ni andar del dolor, mi madre me recoge y se asusta al verme. Volamos a urgencias.
Piden una silla de rueda y los celadores juegan un rato al cógela tú, no venga vete tú que estás más cerca. Yo respiro como si estuviera pariendo, por fin me traen la dichosa silla. Me lleva una celadora a toda prisa por el pasillo, el traqueteo de la silla me produce más dolor. Le pido si puede llevarme más despacio. Bache, salto y respuesta: -Te vienen a buscar ahora-. Me deja en una sala de espera, no sé porqué tenía tanta prisa para dejarme veinte metros más allá. Llega mi pareja, me toca los hombros, me siento por fin acompañada.
Diez minutos de dolor intensísimo después aparece la enfermera, con idéntica conducción de silla. Mientras subimos a planta, otra auxiliar comenta que ella no va a la planta 2ª ni loca, que si está infestada, que si no paran, que si a ella no la cogen en otra, que menudo coñazo... La chica embarazada que va a mi lado y yo simplemente no existimos.
En planta sigue la loca conducción de silla hasta que me meten en consulta. Mi madre comenta -¡que bien, que la van a atender ya! No los dejan pasar conmigo y las puertas abatibles se abanean tras de mi mientras ellos me miran con preocupación.
Me dejan tirada tras las puertas, mi dolor crece y crece, se infla como un globo. En frente dos embarazadas me miran con compasión, cuando comienzan a caerme las lágrimas una de ella me da un paquete de clinex. Clavo mi mirada en cada persona con bata blanca que pasa. Soy invisible. Paro a una enfermera, -por favor estoy sangrando mucho y me muero de dolor-. La oigo comentarlo dentro. Nadie se mueve. A mi alrededor mujeres con enormes barrigas van entrandoy saliendo del ecógrafo. Otras llegan con pérdidas, las pasan a cama y las monitorizan. Tengo la sensación de que me harían más caso si me metiese una almohada bajo mi camiseta. Vuelvo a parar a otra enfermera. Mismo resultado. Las dos mujeres que estaban conmigo ya han acabado y se van con sus parejas. Sigo esperando. Entra un visitador médico que entre risas habla con una médica, o futura médica por su edad, están quedando para no sé qué viaje. La chica rie y se contonea. Yo la odio en silencio.
Una mujer me cambia de sitio pues he colocado mi silla de ruedas en medio de la puerta, saludo a mi madre y mi pareja. -Perdona te voy a cambiar de sitio-. Me dice.
-Tranquila -digo yo- me pongas donde me pongas aquí no me ve nadie.
Cuando el dolor es ya del todo insoportable y no puedo más que llorar, me pasan de la silla de ruedas a una silla normal al lado de una puerta en la que se supone, me van a atender.
-Pero mujer no llores, qué te pasa.- Me pregunta un chica muy joven con aire condescendiente
- Qué me pasa? Me retuerzo del dolor, llevo más de una hora ahí tirada, me habéis ido a buscar a una sala en la que no estaba. He tenido que gritar estoy aquí y tú me preguntas qué me pasa????-
Se disculpa con la saturación de trabajo que tienen. Lo entiendo pero eso no disculpa el trato de invisibilidad de sus compañeras. Una planta llena de mujeres y nadie que te vea, te hable, te consuele o te acompañe mientras sufres??? En fin. Me muerdo la lengua y sigo esperando.
Por fin me atienden. Veo que está la tocóloga de la segunda vez, me tranquilizo al verla. Se está marchando, pero cuando le recuerdo la visita del sábado decide esperar un poco. Me desnudo y al ecógrafo. Ella se pone a mi lado me trata con cariño y me mira. Me informan de que no hay nada, que he debido de expulsar a mi hijo. Hay un silencio denso, pesado. Estan esperando a que me eche a llorar. No lo hago, tengo tanto dolor físico que no hay espacio para el emocional. La tocóloga riquiña se despide y me dice que no me preocupe, que estoy limpia. No hay que hacerme un legrado.
Me visto. Mientras ha entrado la médica que hablaba con el visitador.
-Pero, aún estás así- Pregunta a su compañera que está haciéndome recetas.
- Apura, que está la sala llena. Le has explicado ya? NO?- Me mira- Bueno ya sabes que tienes que tomarte esto y lo otro, y esperar a que lo de aquello y lo de más allá. Yo sólo oigo blablablabla y siento su prisa porque me vaya, porque entre la siguiente vaca para atender, el próximo número, la siguiente en la compra de la salud...
El dolor sigue ahí, no me han dado ni un analgésico, ni una palmadita, ningún acercamiento que me hiciese sentir que son humanas, que entienden mi situación, que preteden ayudarme. Ya no hay latido. Mi gran aventura se acabó aquí, ya no hay latido y sólo un dolor físico enorme, la sensación de invisibilidad más grande de toda mi vida, y un hueco en mi vientre que es un abismo.

Y la verguenza de pertenecer a una especie tan deshumanizada, en la que nos hemos convertido en un número, en un reloj, en cantidades que hay que medir, controlar, desocupar.... Es posible un mundo mejor? Espero que si. Porque si no es posible me pregunto qué van a hacer nuestros hijos el día de mañana, se habrán hecho insensibles. Serán una especie de robots eficacísimos para el trabajo e incapaz de cualquier conmoción emocional? Yo quiero ser madre, pero me preocupa el mundo al que quiero traer a mi hijo. Un beso cariño, nos vemos cuando tú quieras. Te esperaré

jueves, 22 de enero de 2009

Herida

Tengo una herida que es un río,
que se abre y se cierra,
que se contrae hasta que desaparece
cerrando todas sus puertas.
Nunca la llamo, nunca la espero
y cuando menos doy cuenta,
aparece y,
sin resuello,
se lleva todas mis señas.

De cristales y de agua se llena,
la profundidad de la tristeza.
Lo que restamos en las sumas,
lo que no conservamos en memoria,
lo que se esconde
y nos acecha.
Hay dolores del alma,
dolores que no son presentes,
que pertenecen a otras tierras
y que, recogidos en pentagramas,
resoplan tras las puertas.

No abro ventanas para que venga,
pero todas las cerraduras fuerza
cuando declaro en voz alta
que ya se fue, que estoy de vuelta.


A esta herida renuncio
sin conseguir que no vuelva,
con otra ropa, otro tiempo,
otra vuelta de tuerca.

Su color es apagado,
su nombre...
mi exigencia,
de reparación del daño
que sin limpieza deja
humores, restos,
cascadas que no cesan.

martes, 20 de enero de 2009

Llamada




Cuando recibas mi llamada,
no te escondas en las nieves,
pues el fuego de mi alma
calienta para que medres.

Si me encuentras distraída,
buscando hongos y chisteras,
recupera mi mirada
restituyendo la senda.


Te busco hace tiempo
sabiéndote
entre tinieblas.
Cuando te alcanzo te desvaneces
sin dejar apenas huella.
No extiendo mi mano y te apareces
sin reserva
para anunciarme tiempos de juegos,
leche materna y espera.
Por eso yo te conmino a que acabes a mi vera,
para que no me abandones antes de que crezca la hierba.
A los antiguos convoco,
círculos y tierra,
que sus luces acompañen al ser en esta esfera.
Sin fanfarrías y albricias, que enmudezcan el mensaje
elevo preces de humo, pétalos, escaramujos sin triquiñuelas,
para que la soledad no pierda aniversarios futuros,
y dé bienvenida a la vida que derriba las aceras.




lunes, 12 de enero de 2009

Esperas


Hay esperas incómodas, como clavo en silla.

Esperas angustiadas volando en torno a luces inalcanzables de un tiempo que ya no es.

Esperas inconclusas que alargan los números de los relojes de arena.

Esperas eternas de las que no hay vuelta.

Esperas gastrointestinales más largas en el género masculino.

Esperas luminosas que llenan el cuerpo de pentagramas de sol.

Esperas caducas como las hojas de los castaños.

Esperas cuadriculadas con colas ordenadas simetricamente.

Esperas linguae cada vez que me interrumpes y no puedo acabar mi frase.

Esperas efervescentes cuando late mi cuerpo al ritmo de tus pasos en la escalera.

Esperas condenatorias precedidas por un dedo acusador.

Esperas predecibles como el paso de los años.

Esperas inservibles que son una pérdida de tiempo.

Esperas dulces que traen nuevos seres a este mundo.

Esperas que no desesperan porque te llenan de alegría, de serenidad... Hay esperas que esperamos toda la vida.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Final con carta de ajuste




Querido pasado:

Hoy supe que el amor ha vuelto a tu vida.
Las fuentes no importan, las palabras se las lleva el aire y éste tiene en ocasiones el capricho de convertirse en remolinos que soplan hacia el sur, trayendo retazos de tu vida que oigo sin querer. Podría decirte que me alegra tu apertura a la alegría, al compartir, pero no me corresponde juzgar tus actuales movimientos.
Sólo quiero hablarte de mi. De la sensación opaca que antaño tu silencio provocó en mi pecho. De la angustia de saber que no sabré, que no veré, que no compartiré ni tu alegría ni lo poco que dejaste en tus incendios a no ser las cenizas que traiga el viento, siempre cargadas con tierras y hierbas de otros jardines. Siento la lejanía de los cañones que resoplan en los ecos de llamadas no escuchadas. No es mi afán repetir siempre la misma salmodia. No son mis pasos los que resuenan por las estancias frías a las que el fuego no calienta.
Mi propia casa se llena de colores, se abre a la vida. La certeza de la primavera retumba con nombre propio en mi corazón. Abono y siembro la semilla de mi vientre en encuentros de miradas. La seda que envuelve mi cuerpo calienta el sol del mediodía, y nada añoro en mi presente que se conjugue con tiempo pretérito.
Me gustaría un final con carta de ajuste, unos minutos musicales que reconozcamos al baño María. Una comida con guisantes adeherezados con las escamas de la risa. Quizás en silencio, quizás no.
¿Quien puede decir de antemano, preguntar de antemano, sentir de antemano cuando el espejo no devuelve la imagen propia sino un vacío invisible lleno de sílabas ajenas?
Si el Amor cambia tu ruta, te deseo buenos vientos para tus barcos, un mar tranquilo sin añoranzas, trajes de salivas y besos para tu cuerpo, rellanos de escalera donde la encuentres sin tener que dar traspies, inspiración en tus poemas hecha de realidades que no viajen a paises exóticos donde los pechos se conviertan en mangos, claridad para los días sin luna, vocación pese a las tormentas... En fin, me gustaría que construyeses aquellos sueños que se perdieron en las trincheras, en los manchas de dibujos difíciles, en collares de días descoloridos.
Yo me diluyo en la niebla de la memoria, como el humo ascendente de tus amapolas, pueblo ya de una nación de difuntos entono un último canto que te traiga la mejor de las suertes.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Causas raras


Dejó el coche muy bien aparcado, justo delante de la puerta de los grandes almacenes y respiró satisfecho de su habilidad o de su suerte, no lo tenía muy claro.

La Navidad destilaba su hipo lumínico de iconos desgastados. El aire caliente le envolvió al trapasar el umbral que conducía al brillante mundo del consumo. Todos los sentidos se conectaron con la necesidad de regalar, el imparable ritual anual que odiaba aún más que la tortuosa musiquilla que lo acompañaba.

Sintió un vacío en su estómago que identificó al punto: hambre; tras dos horas de conducción y más de tres desde el desayuno, su cuerpo emitía señales ineludibles: la hora de parar había llegado. El sabor a sandwich vegetal llegó directamente de su cerebro y sus pies hicieron el resto.

Cogió maquinalmente el carro de la compra, introdujo la moneda en la ranura, entró por las puertas de seguridad, fue observado por el segureta de la entrada que leía sin interés folletos de oferta. El pasillo principal, la zona de droguería, la frutería a la derecha, los turrones a su izquierda. Adentrándose por él los paños de cocina, escobas y fregonas con productos que aseguraban una limpieza total. En el lateral derecho: la pescadería, la carnicería y los embutidos rodeados de cavas, riojas, penedeses, albariños y demás bebidas espiritosas...

Conocía esta superficie como su propia casa, una sensación de inquietud comenzó a taladrarle las entrañas pero esta vez no provenía de su estómago.

Detuvo el carro en la zona de menaje del hogar y se preguntó qué ocurría.

No podía moverse, su respiración se aceleraba, sudaba y tenía frío al mismo tiempo...

Descubrió imágenes en su memoria llenas de caras familiares, de días de compra mensual, de vaivenes al son de la seguridad que producía el tener las claves de un mapa que posibilitaba alimento y complicidad. Y volvió a sentir el dolor de la traición, el desengaño de la caída de peanas, la asunción de la normalidad de una existencia comunitaria. La aceptación de no ser especial, de no ser diferente, de ser un miembro más de la especie racional... con sus mismos problemas y... sus mismas soluciones.

Tras reconocer la profundidad de la cicatriz, reanudó su marcha. Compró sin alegría aquello que necesitaba, pagó sin sonrisa, y una vez fuera de aquel lugar tan sabido. Volvió a sentirse él, volvió a recuperar la serenidad, volvió a la confianza y al presente. Respirando, aliviado.

Es curioso, como en los sitios más insospechados, nos alcanzan los recuerdos y se agigantan. Ese lugar, testigo imparcial de su existencia, guardaba las sensaciones olvidadas que la ciudad ya no traía. Quién iba a decirle a él, que lo que quedaría de su larga historia de amor, fuesen las compras mensuales en un hipermercado...

Qué raras son las causas, qué inesperados los azares, qué patética la memoria... Salió entre carcajadas, desaparcó su coche.

viernes, 5 de diciembre de 2008

En un tiempo futuro


Cuando sea vejecita quiero un atardecer en malva como fondo de confidencias. Quiero madejas de lana a las que, tirando de un hilo, poder enmarañar y desenmarañar según antojo.

Unos ojos azules para tomar baños calientes que curen el reuma de alma. Chiquillos ruidosos que saquen la lengua a sermones con forma de salmodia para juntar "folgos" y dar "unha carreiriña de can" tratando de alcanzarles entre risas.

Quiero curiosidad intacta ante las sorpresas que traerá la vida y también serenidad para afrontarlas.

Una mañanita que abrigue de los rocíos hechos escarcha por lo querido que perdimos en el camino. Buena memoria para recordar los días luminosos, los abrazos compartidos, los dolores de barriga producidos por la risa, las manos que toqué y me tocaron para reconfortarme.

Paciencia para los achaques que no me permitan volar más que con mi pensamiento. Alas para la imaginación con las que peinar historias y no batallas.

Olvido para los días amargos, los rencores, las indiferencias y tiempo para sacar una enseñanza limpia que no tenga deudas.

Me gustaría un grupo de abuelitas gruñonas y juguetonas capaz de pellizcar nalgas turgentes y estallar en carcajadas. Un grupo de brujitas hacedoras de encantamientos cocinados a la lenta lumbre de la experiencia, prestas al seguimiento de pestañas aleteando insufladas por el nacimiento de un joven amor que humedezca los ojos cuando nos miremos cómplices... Sin rubor ante las emociones, pelearemos como lobas y nos emocionaremos cual gelatinas de color pastel.

Quisiera que ninguna se avergonzase de los surcos de su piel, del deterioro de su cuerpo, que llevásemos el desgaste propio del transcurrir del tiempo con humor, sin anhelo físico de una juventud irrecuperable.

Que el amor ocupe el lugar del apoyo familiar, el motor que mueva nuestras piernas haciéndonos salir de la cama y el sofá.

Mis queridas brujitas, jóvenes, hermosas, brillantes, sabias, AMIGAS... No puedo imaginar conjugar ningún verbo que tenga que ver con vivir, sin la presencia adorada de vuestras miradas... Sé que algún día esas miradas estarán en el mismo lugar y no a tantos kilómetros de distancia...

viernes, 28 de noviembre de 2008

Sueña


En el claro de la luna
donde quiero ir a jugar,
duerme la Reina Fortuna
que tendrá que madrugar.

Mi guardiana de la suerte,
sueña cercada de flor
que me salvas de la muerte
con fortuna en el amor.

Sueña, talismán querido,
sueña mi abeja y su edad;
sueña y si, lo he merecido,
sueña mi felicidad.
Sueña caballos cerreros,
suéñame el viento del sur,
sueña un tiempo de aguaceros
en el valle de la luz.

Sueña lo que hago y no digo,
sueña en plena libertad,
sueña que hay días en que vivo,
sueña lo que hay que callar.

Entre las luces más bellas
duerme intranquilo mi amor
porque en su sueño de estrellas
mi paso en tierra es dolor.

Mas si yo pudiera serle
miel de abeja en vez de sal
¿a qué tentarle la suerte
que valiera su soñar?

Suéñeme, pues, cataclismo,
sueñe golpe largo y sed,
sueñe todos los abismos,
que de otra vida no sé.

Sueñe lo que hago y no digo,
sueñe en plena libertad,
sueñe que hay días en que vivo,
sueñe lo que hay que callar.

Sueñe la talla del día,
—del día del que fui y del que soy—
que el de mañana, alma mía,
lo tengo soñado hoy. Silvio Rodríguez

jueves, 27 de noviembre de 2008

Cambios-2


No tolerar cambiar nada en la vida, que la comodidad sea la bandera que guía nuestro caminar, la indolencia y la anestesia los alimentos más apetitosos de nuestra vida.... me parece, sinceramente, un desperdicio...

Alguién me acusa de intensa y exagerada.

Si, si, si.

Lo soy. Soy exagerada en mi expresión, en mis gestos, en mi autocrítica, en el uso del color en mi casa, en el desparrame de cosas a lo largo y ancho de mis habitaciones, en el sentir de las pequeñas cosas, en la imaginación, en dar importancia a cosas que para los demás no la tienen, en la ilusión que pongo en unas flores o en una bañera limpia, o en un desayuno llevado a la cama.

Soy intensa en mis afectos y también en mis odios.

No soy una santa, no estoy equilibrada, no hago yoga todos los días, ni medito sentada en un cojín. Pienso que no todo el mundo es bueno, pero prefiero partir de la premisa de que todos tenemos algo por lo que ser amados o, por lo menos, no desterrados a la indiferencia. Creo que este no es el mejor de los mundos, creo que hay mucho por hacer, por crecer, por aprender, por sentir, por llorar, por reir, por bailar. Que la vida son dos días y que hay que disfrutar, pero que hay cosas por las que es bueno pararse, por las que es bueno cambiar o intentarlo al menos.

Probablemente no soportaría vivir con alguien exacto a mi, porque me parecería demasiado intenso... Pero tampoco con alguien contrario a mi.
Necesito un poco de cuestionamiento de vez en cuando, de la misma manera que necesito cambiar el lugar de los muebles de mi casa o encender velas, o disfrutar del silencio. Es mi manera de hacer limpieza general. Me siento incapaz de vivir en una casa en la que no se mueva ni un cenicero de la misma forma que no puedo dejar de preguntarme por mis creencias.

Cada cierto tiempo reseteo mi pcu, tiro lo que no sirve, actualizo programas y miro a ver si lo que tengo es realmente lo que quiero. Así soy. Así me quiero, así me acepto. Sin perfecciones pero también sin falsas modestias.

Me gusta hablar de sentimientos y darles vueltas hasta que me entiendo. No soporto pasar página y hacer como qué no me acuerdo de lo oído, lo dicho, lo acontecido. Me siento y dialogo. Intentando aclarar, llegar a conclusiones, cerrar las conversaciones. Odio los problemas no resueltos que vuelven una y otra vez. Me desgastan, me agotan. Son moscas cojoneras de verano y no se irán hasta que abras una ventana, los liquides o cambies de casa.

Una cosa no muy buena, cambiarse a una nueva casa y llevarse una mosca cojonera.... no creeis?

martes, 25 de noviembre de 2008

Cambios


Decía Heráclito que todo fluía, todo estaba en permanente cambio y esa era la esencia de la realidad, ese concepto abstracto que acoge todo este movimiento y lo sustenta convirtiéndolo en un sueño de permanencia, de seguridad, de quietud.
Aceptar los propios cambios no siempre constituye algo fácil. No siempre estamos de acuerdo con lo que la vida nos va trayendo, o lo que suponen las elecciones que tomamos.
Los que creen en el destino piensan que estos cambios vienen "prefijados de fábrica", como una especie de código de barras en el que, además de nuestra fecha de facturación y caducidad, vendrían insertados los momentos encrucijada de la existencia.
Otros opinan que el destino es la disculpa de los cobardes que no admiten la propia responsabilidad de sus acciones y atribuyen a las fuerzas fatales todo cuanto deciden, permaneciendo inocentes pese a que sus actos influyan negativamente en los demás.
Quizás hemos evolucionado en la historia de la humanidad, pero no hay nada nuevo en lo que a la conducta moral humana se refiere. Ya los griegos hablaban de voluntad y libertad como características íntrinsecas a la moral. La petición de "seriedad" aristotélica al Espoudaios, hombre moral, responsable de su propia vida como quehacer.
En la Edad Media ya dirimían entre el libre albedrío o determinación.
Particularmente soy partidaría del pensamiento no determinado. Y digo bien partidaria porque no conocemos prácticamente nada del fin de nuestra existencia como especie, sólo podemos dejarnos encaminar por nuestro pensamiento y responsabilidad individual. Que la fe sea la base de nuestra acción no nos exime como creadores de nuestra cotidianidad.
La libertad es un concepto creado por el ser humano que ha evolucionado y cambiado a lo largo de la historia de la misma manera que la esclavitud.
Así que mi intención vital es aprender de los cambios de mi vida. Intentando siempre ver el lado positivo que me enriquece personalmente y provoca beneficios a los que me rodean. El crecimiento que aportan a mi persona las consecuencias, positivas o negativas, que del cambio se derivan.
Si nos aferramos a una falsa quietud, a una seguridad que nada tiene que ver con la vida, seguiremos moviendonos de crisis en crisis, repitiendo los mismos fallos una y otra vez. Tenemos la responsabilidad de hacer de nuestra vida algo valioso, como individuos y como especie... De nosotros depende.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Poesía y entrañas


Cuando la arena se hizo vestido

abrazaste el mar sin vereda,

trenzando cabellos de espuma,

saltando todas las cercas.


Si tu pie se quebró en el camino

no fue por temor a abrir puertas,

sino a olvidar que las cerraduras

para algunas llaves fueron hechas.


La imagen que te refleja el destino

desenfocada la ves y

no atino

a entender cémo el calor de tu vientre

yo siento centrado en el mío.


Atusa tu pelo y con lazos

celebra el son de la vida

que abierta espera tu vuelta;

tú, siempre dispuesta

a extender tus abrazos

y a no cerrar puertas.

martes, 18 de noviembre de 2008

Amanece


Negra la habitación me trae tu cuerpo, abrigo caliente y suave, enroscado en mi cintura que se abre al caminar de tus dedos en mi orografía. Transito por tu cabello con la espera de que se te abran los ojos, me mires y me reconozcas, me pidas que no me vaya, que me quede a acunarte, a tirar tus runas...

De tu boca, murmullos confusos arrastran el cansancio que no cesa. Impaciente me muevo, despacio, desatendiendo mis atenciones, arrancando velas.

Levanto mis esperanzas y aseo mis telarañas. El bautizo reanuda mis ansias pero el reloj, traicionero, marca el punto de no regreso, la larga cola de espera que cada mañana me mira con rojos ojos .

En la ventana amanece, el cielo se rompe, las estrellas se meten en camisa blanca que ata la luna. Y salgo en puntillas cual bailarina, a esperar la noche que nos auna.